"Querido John:
¿Qué hacer? No hagas nada; o haz algo. Es decir, no hagas caso de la estúpida carta y no pienses más en ello. O si no, si estás tan profundamente irritado que te resulta imposible dejar de pensar en ello, envía una carta a esa inglesa y dile que has escrito una novela, no un panfleto sobre comportamiento ético, y que los comentarios desdeñosos sobre los judíos, por no hablar de antisemitismo declarado, forman parte del mundo en que vivimos, y que solo porque tu personaje dice lo que dice no significa que tu apruebes sus manifestaciones. Lección primera de "Cómo leer una novela". ¿Aprueban el asesinato los autores de una novela criminal? Y tú, como vegetariano militante, ¿te revelas como un hipócrita si uno de tus personajes se come una hamburguesa? La carta de esa mujer es absurda, una idiotez. Pero la triste verdad es que todos los novelistas reciben misivas de ese tipo de cuando en cuando. Mi típica respuesta es arrugarlas y tirarlas a la papelera...
... Paul"
Pág. 104
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"El libro de las ilusiones" - Paul Auster
David Zimmer conoció a Alma hace algunos días, no sé cuando fue que leí esa página pero fue hace algunos días. David venía saliendo de una experiencia totalmente desgarradora: su señora y sus dos hijos habían muerto en un trágico accidente de avión. Alma irrumpió en su casa de Vermont dos años después de ese hecho de muerte, con una pistola en mano.
Se enamoraron.
Su amor duró 4 días o algo así.
Alma también muere.
Alma se mata.
Lo importante es este párrafo que rescaté anteayer:
"La metí en la bañera, y estuve media hora sentado en el suelo a su lado, lavándole la espalda, los brazos y las piernas, los pechos y la cara, las manos, el pelo. Tardó un tiempo en dejar de llorar, pero poco a poco pareció que el tratamiento iba surtiendo efecto. Cierra los ojos, le decía, no te muevas, no digas nada, sólo húndete en el agua y déjate llevar. Me impresionó la buena voluntad con que se plegaba a mis órdenes, lo poco incómoda que se sentía por su propia desnudez. Era la primera vez que veía su cuerpo a plena luz, pero Alma se comportaba como si ya me perteneciera, como si hubiéramos superado la etapa en que hay que pensar en esas cosas. Se abandonó en mis brazos, cediendo al calor del agua, rindiéndose incondicionalmente a la idea de que era yo quien me ocupaba de ella. No había nadie más. Había vivido sola en aquella pequeña casa durante los últimos siete años, y ambos sabíamos que ya era hora que se marchara. vas a venir a Vermont, le dije. Vivirás allí conmigo hasta que acabes el libro, y te bañaré todos los días. Yo trabajaré en mi Chateaubriand y tú en tu biografía, y cuando no estemos trabajando, nos pondremos a follar. Joderemos en todos los rincones de la casa. Celebraremos maratones de folleteo en el jardín y en el bosque. Follaremos hasta que no podamos más. Y luego volveremos a la tarea, y cuando terminemos el trabajo, nos marcharemos de Vermont a vivir a otra parte. Adonde tú digas, Alma. Estoy dispuesto a considerar todas las posibilidades. No descarto nada."
Se enamoraron.
Su amor duró 4 días o algo así.
Alma también muere.
Alma se mata.
Lo importante es este párrafo que rescaté anteayer:
"La metí en la bañera, y estuve media hora sentado en el suelo a su lado, lavándole la espalda, los brazos y las piernas, los pechos y la cara, las manos, el pelo. Tardó un tiempo en dejar de llorar, pero poco a poco pareció que el tratamiento iba surtiendo efecto. Cierra los ojos, le decía, no te muevas, no digas nada, sólo húndete en el agua y déjate llevar. Me impresionó la buena voluntad con que se plegaba a mis órdenes, lo poco incómoda que se sentía por su propia desnudez. Era la primera vez que veía su cuerpo a plena luz, pero Alma se comportaba como si ya me perteneciera, como si hubiéramos superado la etapa en que hay que pensar en esas cosas. Se abandonó en mis brazos, cediendo al calor del agua, rindiéndose incondicionalmente a la idea de que era yo quien me ocupaba de ella. No había nadie más. Había vivido sola en aquella pequeña casa durante los últimos siete años, y ambos sabíamos que ya era hora que se marchara. vas a venir a Vermont, le dije. Vivirás allí conmigo hasta que acabes el libro, y te bañaré todos los días. Yo trabajaré en mi Chateaubriand y tú en tu biografía, y cuando no estemos trabajando, nos pondremos a follar. Joderemos en todos los rincones de la casa. Celebraremos maratones de folleteo en el jardín y en el bosque. Follaremos hasta que no podamos más. Y luego volveremos a la tarea, y cuando terminemos el trabajo, nos marcharemos de Vermont a vivir a otra parte. Adonde tú digas, Alma. Estoy dispuesto a considerar todas las posibilidades. No descarto nada."
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